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las cuatro de la mañana ya estábamos listos para la
partida. La noche anterior había sido densa en preparativos
y, lejos de poder cumplir nuestro propósito de acostarnos
temprano, estuvimos hasta cerca de la medianoche ultimando
detalles de los vehículos, suministros y elementos varios.
Ya habíamos instalado el equipo de navegación, los tubos
de oxigeno, las botellas de agua, los abrigos, los bidones
de combustible adicional, las pastillas de glucosa y
algunos analgésicos. Terminamos de acomodarnos todos
y a las 4:22 partimos desde el Hotel Pircas Negras en
Villa Unión, que nos había cobijado esa noche y al cual
teníamos programado volver después de nuestra aventura.
La caravana estaba compuesta de 6 camionetas Toyota,
tres de ellas eran 3.0 turbo, una Hilux aspirada, una
SW4 y una Land Cruiser. En la camioneta guía, piloteada
por Nelson Benítez iban, Pedro Gutovnik oficiando de
navegante, con todo su equipo de mediciones, Tomas Zarazaga
asistente de Nelson y Noel García, periodista, quien
había venido especialmente desde Cataluña para cubrir
el evento para la revista 4x4 Solo Auto.
Seguían, la Land Cruiser al mando de Billy Young, portando
a los representantes de la prensa de Buenos Aires, Horacio
Zabalza y Nicolás Malacalza de El Garaje y Hernán Olivieri
de Clarín. Mas atrás venia la Hilux 3.0 turbo con Daniel
Afione al volante y Ricardo Martínez Puentes de copiloto.
Completaban el grupo la Hilux aspirada de Martín Zarazaga
y Néstor Scarafía, Otra Hilux 3.0 turbo con Guillermo
Minuzzi y Miguel Torre y, cerrando, Walter Di Pietro
y Jorge Falcione en una de las SW4 mas bonitas que se
han visto en el ambiente del 4x4.
Como
no podía ser de otra manera, Nelson había permitido
la compañía de dos de sus hijos, Florencia de 15 y Nahuel
de 13, que con esta experiencia suman una mas a su ya
abundante curriculum en el todo terreno. Precoces los
chicos, ¿no?
A
pesar de no haber dormido mas de 3 horas, me sentía
totalmente despierto y vigilante mientras avanzábamos
hacia Vinchina y en la notebook pasaba lentamente la
carta 2969-IV de Villa Unión. Pasamos por Villa Castelli
a las 4:48 y seguimos a Vinchina. Cuando, apenas pasadas
las 5 de la mañana, pasamos frente al puesto de policía
de La Banda, no extrañamos que no nos detuviera nadie
para la encuesta alpedistica habitual. Mientras avanzábamos
yo iba controlando el instrumental, que consistía en
tres unidades de GPS, dos altímetros y una notebook
IBM conectada a uno de los GPS y volcando la posición
en el mapa, mediante el OziExplorer.
El
cielo estaba cubierto y no se veían las estrellas. Dado
que había llovido abundantemente la noche anterior,
me estaba preocupando como encontraríamos el Río de
la Troya, cuyo vado íbamos a pasar en pocos minutos.
Cuando llegamos, a las 5 y 10 de la mañana, solo había
un hilo de agua en el vado. Lamenté que fuera de noche
cuando cruzamos la Quebrada de la Troya ya que muchos
participantes hacían ese recorrido por primera vez.
Supuse que se darían el gusto al regreso que, estimábamos
iba ser todavía a la luz diurna.
Mientras avanzábamos por la quebrada, sin ver los barrancos
que caían al río, ni la piedra pintada, ni el giro de
mas de 300 grados, esperaba que el cielo en la alta
montaña estuviera despejado y pudiéramos perforar el
techo de nubes para salir al sol, en la puna. Pasadas
las 6 estábamos en Jagüé a 1850 msn y tras un breve
saludo a Don Cirilo Urriche y dejándole la lista de
los viajeros, continuamos la trepada hacia Laguna Brava.
Nelson llevaba a la turbo con ritmo suave, pensando
que nos faltaban avanzar unos 130 kilómetros de distancia
y mas de 4km de altura. Así pasamos por el refugio del
Peñón poco antes de las 7:30 y llegamos al Portezuelo
de la Laguna Brava a las ocho de la mañana, hecho que
inmortalizamos en una foto del grupo de viajeros.
Todo
venia bien, hasta que al comienzo de la pampa del Veladero,
tuvimos que detenernos por pinchadura de goma en la
Toyota Hilux 4x4 de Nelson. Considerando
que no éramos el equipo de apoyo de Shumacher y que
estábamos a 4400 metros sobre el nivel del mar, hicimos
las cosas con calma y tras algo mas de media hora, seguimos
la marcha. La cubierta estaba reparada, vuelta a inflar
y colocada en la rueda respectiva.
Mientras
avanzábamos por la amarilla pampa del Veladero, me venia
a la memoria que el primer intento que yo recordaba
de trepar en altura, lo había hecho Nelson el 1ro de
abril de 2000, cuando llegamos a la laguna y al regresar
hicimos una tentativa por la ladera del cerro ubicado
al Sudeste del Cráter, en una huella similar a la que
hicimos este año. En dicha oportunidad, Nelson llegó
hasta los 5727m, medidos con su GPS, del cual no se
nos ocurrió tomar fotos en ese momento. Sé que Nelson
volvió a intentar al año siguiente, pero las condiciones
climáticas fueron adversas y no pudieron llegar hasta
el cráter. Finalmente estaba previsto volver en el 2002
y así lo estábamos haciendo en este momento.
La llegada del arenal me desconcentró y me obligó a
prestar atención al camino que estaba algo pesado, pero
pudimos pasar todas las chatas sin tener que desinflar
cubiertas. Al poco tiempo llegamos a la angostura, la
que pasamos con gran precaución pero sin mayores problemas.
extremando las precauciones con las gomas. De todos
modos el avance fue lento y llegamos a la base desde
donde partirían solo dos camionetas, apenas pasadas
las 12 del mediodía. Estábamos a 5750 metros sobre el
nivel del mar.
En
dicho punto nos reagrupamos y redistribuimos la carga
y el oxígeno, con la idea de que la camioneta de Nelson
fuera la que intentara la máxima altura y la Land Cruiser
de Billy hiciera de apoyo cercano. El punto de base
está en 27°56.2467"S y 68°45.5889"W CAI69. Desde allí
se comienza una larga travesía en terreno flojo y sumamente
pendiente, que fue inaugurada por los dos Defender 90
del grupo de Lobo Solitario, que llegaron en enero de
este año, hasta el filo que divide las pendientes entre
el Este y el Oeste.
El
ascenso de la ladera, en derrape y con pendiente, no
fue tarea fácil, ya que en el primer intento la camioneta
no logró la altura necesaria y tuvimos que mandarnos
cuesta abajo en marcha atrás, unos doscientos metros
hasta volver a suelo mas plano. En el segundo intento
y con el diferencial trasero bloqueado, la cosa fue
mejor y llegamos hasta una pequeña plataforma donde
esperamos la subida de Billy, que nos seguía.
Sin
que yo piense que sea una versión purista en el manejo
del 4x4, les comento que ver subir a la Land Cruiser,
calzada con cubiertas 33 MT, arañando el piso con el
triple bloqueo puesto y escupiendo piedras en la ladera
a 5800 metros de altura y como fondo allá abajo la Corona
del Inca, era un espectáculo que perdura en la retina
y muy pocas veces se puede apreciar. Demás está decir
que llego de una y con toda felicidad.
Nuestra
estrategia de ascenso había consistido en un viaje de
reconocimiento efectuado en la semana anterior para
poder evaluar las alternativas de la zona y elegir la
ruta que permitiera el mayor ascenso y, eventualmente,
lograr la meta de superar los 6000 metros. En dicho
viaje anterior observamos y seguimos las huellas dejadas
por Martín Barletti hasta los 5870 mts, y entendemos
porque no pudo seguir trepando. Luego descendimos nuevamente
y buscamos una trepada hacia el este, siguiendo las
huellas anteriores. Al llegar al punto máximo que lograron
los Defender aparece un borde divisorio que cae a pique
por el otro lado, hacia el Sud Este. Decidimos explorar
hacia el norte, hacia la derecha del lugar, mirando
al valle, y trepamos por unas enormes piedras que rodean
la ladera de un cerro indicado en la carta del IGM con
una altitud de 6092 msn.
En
ese punto y mas allá de las huellas anteriores, logramos
pasar al cono del cerro ubicado al norte, mediante la
ayuda de los colaboradores que nos abrieron algo de
paso entre las piedras que cerraban el acceso. La diferencia
de altitud no era mucha pero habíamos logrado posicionarnos
sobre una parte mas lisa, que continuaba ascendiendo
hasta la cumbre. En el paso indicado, la pendiente era
muy marcada, de modo que buscamos rodear el cono hacia
el Noroeste y tomando algo de velocidad enfilar el vehículo
directamente hacia arriba para ver hasta donde llegábamos.
Con esa maniobra la turbo avanzó bastante, pero dejo
de traccionar aproximadamente a los 5980 metros. Si
bien la potencia del motor se reduce mucho a esa altura,
el problema no era de potencia sino de adherencia, ya
que el suelo era blando y compuesto de una mezcla de
piedritas con arena gruesa.
Aquí
fue cuando se lucieron Martín, Tomas y Don, que corrieron
piedras, pusieron planchas y subieron y bajaron repetidas
veces, todo esto a mas de 5900 msn. Llevaban unos tubos
portátiles de aluminio, con oxigeno para cada uno. El
avance con las planchas fue muy lento, y se nos acababa
el oxígeno, así que a los 5985 metros decidimos ayudarnos
con el malacate. La tarea no fue sencilla porque no
había mucho de donde tomarse. Finalmente los muchachos
subieron la ladera y engancharon una eslinga en una
gran piedra justo frente a nosotros. Al primer intento
con tracción y malacate la piedra se movió de su lugar
y se vino rodando. Menos mal que paró a los pocos metros
y antes de hacer carambola con nosotros. Los muchachos
buscaron una segunda piedra y ataron firmemente la eslinga.
La trepada final fue lenta y pausada, debiendo Nelson
cuidar mucho el embrague y dosificar el esfuerzo para
trepar. Yo iba con los ojos clavados en el GPS, en realidad
en los tres que había llevado y dimos un grito de alegría
cuando la pantallita finalmente marcó los 6000m. En
ese punto ya veníamos cebados y nos olvidamos de la
falta de aire y del dolor de cabeza que, en el caso
de Nelson, no es poca cosa.
Los
6000m que leíamos en la pantalla del GPS nos estimularon
a seguir trepando hasta que ya no se pudiera mas, y
eso ocurrió cuando el GPS marcaba 6013m y la piedra
donde estaba atada la eslinga se partió. Nelson tenia
el pié a fondo sobre el freno y sin embargo la Toyo
se arrastro hacia atrás unos 3 metros. Allí se paró
y, lentamente, recuperamos el aliento.
Apenas
tuve tiempo de hacer algunas cosas, tales como sacar
algunas fotos de la pantalla del GPSIIIplus, y hasta
llegué a bajar la pantalla del GPS al G7ToWin, cuando
marcaba 6012. A bordo de la chata llevaba 3 GPS y dos
altímetros. Dado el carácter técnico del equipamiento
y las mediciones, me voy a explayar sobre el tema en
una nota aparte. De todos modos, les menciono que los
GPS eran todos de marca Garmin y los modelos GPSIII,
GPSIIIplus y GPSMAP 176C.
La
alegría de haber superado los 6000 metros, posibles
errores incluidos, era tan grande que estuvimos un rato
sacando algunas fotos y mirando algo del paisaje. También
veíamos unas nubes que se estaban cerrando debajo nuestro
y que sumadas al cansancio, la falta de aire y las ganas
de bajar, hicieron que nos zambulléramos para abajo
a la mayor velocidad posible.
Durante
el regreso no tuvimos incidentes, salvo que llegamos
con sólo el olor del gasoil a Vinchina donde pudimos
repostar. En Villa Unión nos esperaban con empanadas
riojanas y llegamos con la satisfacción del deber cumplido.
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